Hospital

Estoy en ese lugar

en donde la alegría se agazapa

y la verdad destapa

su cara real.

Donde las palabras

suenan monótonas y sin cadencia.

Donde la vida habitual se minimiza,

el dolor y la preocupación aparecen constantes

y la humanidad toma el poder.

Estoy donde el consuelo, que no es de tontos,

insufla a las personas energía para luchar.

En esta prisión forzosa aislada del mundo

que hasta al más valiente acobarda.

Donde el miedo tiene la última palabra.

Aquí se agacha el ánimo,

que camina torpemente y a gatas.

Aquí el alboroto confunde las cabezas,

se desea el silencio y la calma.

El optimismo va cargado

de sombras e incertidumbres,

y la esperanza es un clavo ardiendo

al que todos se agarran.

Aquí no hay clases ni distinciones.

El hombre se torna humilde y débil

y el ser es invitado a la reflexión

acerca del valor real de la existencia.

Estoy en el lugar

de la justa dimensión humana,

de la autenticidad de los miedos.

Donde el hombre, a fuerza de duros golpes,

se despoja de artificios y apariencias vanas.

Clemencia. 2006

Dos, tres mundos…

No existe un sólo mundo: existen dos, tres…quizá miles.

Tenemos por un lado el mundo que los políticos, banqueros, corporaciones y toda esa calaña nos pasa por TV, un mundo cada vez más ajeno al pueblo llano, más cargado de noticias vergonzosas e indignantes, noticias que remueven las entrañas, que levantan escaras, rabias contenidas, tacos, cabreos, etc.

Bajo ese mundo pintado de gris y negro, varios mundos se desenvuelven, mezclan, conviven entre sí.

Está el de la gente que aún cree en esa falacia que nos ponen “los de arriba”, que viven tomando ese mundo de referencia y participando en el juego que éstos les ponen en bandeja, de perseguir la riqueza material, el consumo como marca de bienestar, o de reaccionar ante las noticias de la forma esperada para quien las crea: con rabia, violencia, indignación…y/o credulidad y conformismo, dejándose así manipular por aquéllos.

Tendríamos el mundo de la gente que está “despertando”, tomando conciencia de la inutilidad de este sistema, tratando de salirse de él por debajo, por los lados…de buscar y vivir o crear mundos alternativos mediante yoga, comida sana, etc. Aplicar su conocimiento en su vida diaria y crecimiento personal.

Está el mundo de los artistas, dentro de los luchadores: gente que saca bueno de donde parece que no lo hay (concierto de botellas, hoy en Youtube, Facebook), que crea belleza de la fealdad, que transforma el dolor, belleza, situaciones variopintas…en arte. Que levanta la cultura con escasos medios (cuanto más escasos, más ingenio, más sorprendente); que usa la pluma y el arte en general como terapia.

En el fondo todos los mundos son uno: el humano; y se mezclan y conviven entre ellos, pasan por zonas y por los otros mundos, pero al final se establecen en uno de ellos más permanentemente.

Se van definiendo, coloreando, tomando forma. Se aproxima una revolución. ¿O tendríamos que hablar de una metamorfosis, como decía el filósofo Edgar Morin?

Clemen Corbalán, sábado, 26 de julio de 2014.

Versos envenenados, novela de sorpresas y contrastes

Versos envenenados es una novela, como lo son su título y la misma vida, llena de contrastes ya desde la primera página, que comienza con una descripción de Murcia en primavera, que huele a flores y aromas, para pasar al título de la desgarradora canción que el protagonista, Isco Vivas, va escuchando en su coche: Epitafio. El autor, Francisco Javier Illán Vivas, nos conducirá por ese sendero en apariencia tranquilo, soleado, hermoso, mientras nos va mostrando las contradicciones más humanas (ambición, desnudez psicológica, celos, amistad, poesía, lujuria, muerte). En el primer capítulo ya se habla de un asesinato (según se deduce, perpetrado por una mujer), como si de la crónica de una muerte anunciada se tratase; sin embargo, la trama no pierde interés sino que lo despierta, a la espera de los detalles. El título y el género de la novela (finalista en el premio Wilkie Collins de novela negra, 2018) auguran, además, algún tipo de relación entre crimen y poesía. De una forma un tanto desordenada (como el autor explica en la nota final) se van introduciendo las historias entre los personajes, junto a pequeñas señales con las que se  mantiene la tensión. La novela está plagada de poesías, letras de canciones, citas de autores, artículos de periódicos, extractos de libros, etc.; parece como si, a través de la literatura escrita años ha, los personajes se vieran, explicaran e, incluso, justificaran a sí mismos. Son estos retazos literarios pequeñas pistas que, siguiendo la línea de contraste y desorden de la novela (producto de la contradicción y el caos humano), acompañan la historia, al tiempo que indican por dónde puede acabar. Las letras del libro forman un hilo de unión entre los personajes, que entablan amistad gracias, por ejemplo, a la común afición por la poesía: —El gran mito de la poesía es que intenta explicar el mundo, como dice Luis Alberto: no es que proporcione sentido a las cosas, pero ayuda a transitar por ellas con mucha más comodidad y una pizca menos de angustia. (p. 160) También el autor, Francisco Javier Illán Vivas, disemina sus propios escritos por toda la novela, aunque bajo la apariencia de un mal poeta, ya que atribuye estos a uno de los personajes: Carlos, que el autor describe como alguien que solo trata de expresar sus sentimientos. Sin embargo, todo se teje muy subliminalmente, de modo que el lector poco avispado se encuentra con una gran sorpresa al final, tras un recorrido relativamente tranquilo, con historias y personajes que reconocemos en la vida diaria y que nunca imaginaríamos como asesinos. El contraste se deja ver en las letras de las canciones: Epitafio, junto a Welcome to my world o Nosotros, aluden a tres facetas humanas bien distintas, lo que hace honor al dicho: «Nada de lo humano me es ajeno»; la poesía mezcla lujuria (Cuerpo de mujer…, de Neruda), romanticismo y paso del tiempo (Bécquer, Tenorio); la rabia de los celos (La abandonada, de Gabriela Mistral); e incluso parece querer justificar los terribles hechos que están por ocurrir:  (El nombre de la rosa, de Umberto Eco): …hay una cosa que excita a los animales más que el placer: el dolor (). Cuando te torturan no dices lo que quiere el inquisidor, sino también lo que imaginas que puede producirle placer, porque se establece un vínculo (éste sí verdaderamente diabólico) entre tú y él (Tras esta cita, se narra: « ¿Se sentía ella atormentada, presa de ese placer que produce el dolor? No lo sabría decir, pero sí debía confesar que estaba excitada»). La nota de realidad la ponen los distintos artículos que se mencionan: atentado del 14M en Madrid, asesinatos, investidura de Zapatero… Lo cual nos sitúa en una época determinada: 2004; y otros datos, como los que hablan de la EM (esclerosis múltiple), que diversifican el centro temático de la novela. Los valores estables y permanentes de antaño se difuminan o pierden valor en esta novela en la que algunos de los personajes superan los límites de la ética. Porque una cosa es la escritura y otra la realidad. Se puede escribir de todo, pero no se puede hacer todo. Por eso, el hecho de que los personajes sean de lo más normal, de la vida diaria, hace más increíble el desenlace de la novela. El propio Illán define a las dos protagonistas como una especie de mantis religiosas, que devoran a sus amantes tras el acto erótico; pero lo describe como algo bello, ritual, de forma que ni las mismas víctimas parecen sufrir violentamente sino que da la impresión, en cierto modo, de que disfrutan de ello o que, en todo caso, viven sus últimos momentos como parte de ese ritual. A mí me ha parecido una historia aparentemente muy normal, con entresijos como la ambición de Carlos, el hombre que quiere cumplir los sueños de una madre resentida y pisa a quien se le ponga por delante pero que, a su vez, aparece en su total desnudez ante una mujer; el empleado con esclerosis múltiple (EM) que no soporta ya su terrible enfermedad; la mujer celosa de la amiga que le roba los amantes; la lujuria que, junto a la poesía y los hombres, tienen en común las dos protagonistas, Marta y Carmen… ¿Quién no encuentra todo esto en la vida real, sin imaginar que por ello alguien se pueda convertir en un asesino y, menos aún, en mantis religiosa? Para finalizar esta reseña, yo diría que en estas premisas que he expuesto, junto a la unión y relación de la poesía y literatura en general con los crímenes, descansa su originalidad. Y basándome en esta misma condensación de contenido en diferentes formas, la calificaría dentro del tipo de obras que hay que leer varias veces para ir encontrando y descifrando las muchas pistas que va dejando a lo largo de su desarrollo.   Clemen Corbalán, diciembre, 2018 https://traductor-profesional.com    reseña-VERSOS ENVENENADOS